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Wednesday, September 7, 2011
Revisión de la obra. El libro "Escritores valencianos del siglo XX en sus traducciones", publicado recientemente por la Universidad de Alicante, ahonda en el impacto que han tenido en la sociedad francesa los escritos de temática gay realizados por el escritor de Alcoi.
UANJO PAYÁ VALENCIA Juan Gil-Albert, escritor alcoyano y una de las firmas más prestigiosas de nuestra literatura, escribió en 1955 un libro en el que volcaba sus inquietudes y reflexiones sobre la homosexualidad. El libro, titulado Heraclés, en clara alusión inspiradora al héroe griego Hércules, tardó 20 años en publicarse en España. No fue la única obra donde Gil-Albert volcó experiencias o ficciones de temática homoerótica, pero lo cierto es que Heraclés sí es la obra que mayor número de reconocimientos y atenciones ha prestado entre los intelectuales franceses desde que se publicara y diera el salto a esta lengua en el 2001.
Al menos, esta es la conclusión que extrae la catedrática de Español en la Universidad de París, Annick Allaigre, en una reciente publicación de la Universidad de Alicante titulada Escritores valencianos del siglo XX en sus traducciones (Editorial Aguaclara) y dirigida por los profesores Fernando Navarro, Pedro Mogorrón y Paola Masseau.
En un capítulo íntegramente dedicado al poeta alcoyano, Annick Allaigre desvela cómo la temática homosexual de Gil-Albert despertó el interés de escritores tan reconocidos en Francia como Marguerite Yourcenar, quien le llegó a dedicar algunos artículos en prensa y revistas especializadas.
Es más, la profesora Allaigre incluye las declaraciones del prestigioso psicoanalista Jean Allouch, quien se vale del libro Heraclés de Gil-Albert para oponer "a la visión comunitaria de los movimientos gays, una homosexualidad más solitaria, pero por eso mismo más rebelde y existente hoy".
Contribución al debate social
En este sentido, la catedrática Annick Allaigre añade que: "Estoy convencida de que Gil-Albert se hubiera extrañado de que sus escritos contribuyeran al debate social o a la indagación del ser humano, porque no se lo esperaría dadas las circunstancias históricas que le tocaron en suerte. Pero puede que, además, estas lecturas inesperadas produzcan un beneficio puramente literario: el del reconocimiento, efectivo, del carácter transgénico de la obra".
La importancia de las palabras y pensamientos de Gil-Albert en el siglo XXI se suman, por tanto, a las de un reconocimiento internacional que está cosido a la aparición de sus traducciones también a otros idiomas como el italiano, tal y como también refleja la reciente publicación de la Universidad de Alicante.
"No se puede ignorar que el escritor alcoyano fue a través de Heraclés un teórico de la homosexualidad que produjo, a semejanza de André Gide en Francia, el primer análisis literario en lengua española sobre la cuestión", ha llegado a afirmar la experta y profesora Annick Allaigre.
Heraclés, como decíamos anteriormente, no es la única obra de Juan Gil-Albert sobre temática homosexual. Valentín, novela en la que el protagonista se enamora del actor de una compañía teatral que interpreta a Shakespeare o Los Arcángeles, donde el narrador recluido en un monasterio anota experiencias pasadas y presentes con otros chicos, son algunas de las obras sobre "el único tema escabroso que queda en pie", escribió el alcoyano sobre la época dictatorial que le tocó vivir.
POR:LEVANTE-EMV.
ARREGLOS: ALBERTO CARRERA
Labels: LITERATURA
Sunday, July 31, 2011
Biblioteca revisitada. Historia de la literatura gay en Argentina
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La literatura fue uno de los discursos privilegiados en donde se forjaron las ideas de género, sexo, familia y nación. En las ficciones literarias de la Argentina del siglo XIX se proyectaron los modelos de comportamiento, los roles de los hombres y de las mujeres y a su vez, los ideales de familia y de nacionalidad. En este sentido, la masculinidad moderna aparece asociada a la idea de patriotismo y nacionalidad. En The Image of Man: The Creation of Modern Masculinity (La imagen del hombre. La creación de la masculinidad moderna), George Mosse analiza la manera en que la invención de la virilidad en la modernidad está ligada a la nueva sociedad burguesa que se consolida hacia finales del siglo XIX y a la creación de los Estados–nación.
El ideal masculino que impregna la cultura occidental redefine en la modernidad sus cualidades de voluntad, sangre fría, potencia, honor y coraje. Particularmente durante el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, la exhortación a “ser un hombre” deviene un lugar común por excelencia y ese ideal de hombre viene asociado a la posibilidad de crear un ideal de nación. En las guerras civiles latinoamericanas, recurrentemente, los bandos enfrentados luchaban también simbólicamente por el monopolio de la masculinidad. Por ello, tanto los federales como los unitarios caracterizaban a sus enemigos políticos como afeminados, maricones y proclives al sexo anal.
Particularmente en Argentina, la ficción literaria contribuyó fuertemente a crear las imágenes que asociaban virilidad y nación. Así, en “El matadero” (1838), de Esteban Echeverría, impuesto oficialmente como el primer cuento argentino, el ideal de hombre y de patriota es descripto en la figura del personaje principal, el unitario, que a sus cualidades de juventud y belleza agregan las de valentía, masculinidad y honor. De hecho, su muerte sobreviene, casi espontáneamente, ante la posibilidad de perder la honra al ser desnudado y eventualmente violado por los carniceros federales del matadero. De igual manera, en la primera escena de Amalia (1851), de José Mármol –declarada oficialmente la primera novela argentina–, el ideal de hombre y de patriota, Eduardo Belgrano –que ya connota patriotismo desde su mismo nombre, que lo emparienta con Manuel Belgrano, junto con San Martín los militares por antonomasia de las guerras de la independencia–, se enfrenta él solo y casi derrota a cuatro hombres armados. No casualmente esos hombres hieren a Belgrano en un muslo, cerca de la zona genital y reproductiva. Es la recuperación de esa herida lo que lleva al joven –conocido desde las primeras páginas de la novela como el joven de la espada– a la casa de Amalia, la viuda virtuosa, ideal de mujer. Teniendo en cuenta la función de las novelas fundacionales latinoamericanas que describiera Sommer en Ficciones fundacionales. Las novelas nacionales de América Latina como verdaderos manuales de pedagogía erótica y patriotismo, Amalia puede ser leída también como la espera de Amalia para que cicatrice la herida de Eduardo y éste recupere plenamente los atributos que permitan dar luz a los nuevos y sanos hijos de la nación.
Como en todo proceso de creación de estereotipos, al mismo tiempo que se construyen y se cristalizan socialmente las imágenes de la masculinidad y el patriotismo, se hace necesario caracterizar a aquellos que no forman parte de ese orden viril y nacional. En ese sentido, los parias, los enfermos nerviosos, los extranjeros, los judíos, los homosexuales, los locos, los criminales y los vagabundos devinieron las contrafiguras ideales de aquello que no debía ser.
En este contexto, la literatura contribuyó también a la conformación de estos estereotipos y prejuicios. Así, en la producción de la generación del ochenta, las sexualidades desviadas y las enfermedades nerviosas así como las herencias degenerativas se concentraron tan pronto en la figura del inmigrante italiano asociado a ideas contaminantes tales como el anarquismo, el socialismo y el sindicalismo, como a la del judío. Así, en En la sangre (1887), para representar la anomalía del hijo de italianos, Eugenio Cambaceres recurre a la imagen del niño invertido que, como todos los futuros degenerados, “jugaban a los hombres y las mujeres; hacían de ellos los más grandes y de ellas los más pequeños”. Y, haciéndose eco de cierta tendencia de la cultura europea de fines del siglo XIX, en la novela La bolsa (1891), de Julián Martel, coinciden el estereotipo del judío y el del homosexual. El afeminamiento, la palidez enfermiza, la cobardía, la falta de virilidad y de carácter y la condición de paria son, entre otros, los rasgos comunes que los volvían incapaces de comprender el sentido del honor nacional y mucho más de defenderlo. Descriptos como un “Estado dentro del Estado”, afeminados y judíos complotaban contra el Estado-nación.
De manera que la homosexualidad aparece asociada a los inmigrantes de los sectores populares o a las clases “altas” extranjeras y decadentes de origen judío. Años después, en 1914, el anarquista José González Castillo ubicará en su obra de teatro Los invertidos las sexualidades enfermas en la clase burguesa, es decir, también en la clase social que considera el enemigo de su proyecto político.
Sin embargo, junto a estas novelas pedagógicas que constituían todo un boom para la burguesía, convivieron ciertos textos, quizá marginales, que presentaban otras imágenes. Así, en La novia del hereje o La inquisición de Lima (1846), de Vicente Fidel López, entre largas y complejas intrigas que desarrolla la novela, se nos revela el mundo de los maricones, casi como un sector incorporado a la dinámica social limeña. Según se deduce de la narración, las señoras de la naciente burguesía tenían sus propios maricones, a manera de favoritos y confidentes, que las ayudaban en las intrigas y les servían de intermediarios en las relaciones conyugales, aunque a veces las traicionaban. Descriptos como especies de términos medios entre la mujer, el muchacho y el hombre, los maricones tenían sus propias fiestas y su lugar institucionalizado en el mundo social.
Por otra parte, en Una excursión a los indios ranqueles (1870), Lucio V. Mansilla se fascina con la capacidad de goce de los indios, que “son capaces de pasárselo bebiendo hasta reventar” y que incluye bailes orgiásticos de varones que “se besaban, se mordían, se daban manotones obscenos, se hacían colita”. En su afán de agradecer a los indios, Mansilla acepta que “yo me dejaba manosear y besar, acariciar en la forma en que querían, empujaba por tierra al que se sobrepasaba demasiado, y como el vino iba haciendo su efecto, estaba dispuesto a todo...”.
Gauchos y guapos han sido en Argentina figuras paradigmáticas en la construcción de la masculinidad y de la nacionalidad. Afirmadas por discursos dispares como la historiografía, la cinematografía y muy particularmente la literatura, sus caracterizaciones arquetípicas aparecen vinculando las nociones de virilidad y nación.
La figura del gaucho como encarnación del ser nacional comienza a tomar significación a partir de la década del ’10 del siglo XX, cuando escritores nacionalistas intentaron bucear en las raíces de la argentinidad lejos de la ciudad corrupta e invadida por los inmigrantes. Por su parte, el tipo del guapo presenta dos perfiles: uno histórico, como personaje plebeyo, antisocial e indeseable, de personalidad primitiva e instintiva, con rasgos de “compadrón”, quien presta sus servicios al caudillo político de turno y “le gana” las elecciones “a punta de cuchillo”. Y el perfil mítico con dimensión heroica (los guapos de Borges, como ejemplo entre otros), asentado en dos sistemas inalterables: la ética del coraje, el código de honor, basado en la subordinación de la libertad individual a un valor considerado superior: la lealtad, que a su vez exige y genera lealtad del caudillo al que sirve.
En los discursos literarios paradigmáticos de la creación del gaucho y del guapo como prototipos de la virilidad y del ser argentino, es posible encontrar ciertas fisuras mediante las cuales a la vez que se afirma la masculinidad tal como fue pensada y construida durante la modernidad, se la cuestiona e incluso se la invierte. Por un lado, como en todas las comunidades exclusivamente de hombres, en las comunidades de gauchos y guapos no puede obviarse el contenido afectivo homoerótico que une a sus integrantes entre sí y con el jefe o valor arquetipo al que se hayan ligado.
Por el otro, son particularmente pertinentes para pensar estos universos los análisis que Eve Kosofsky Sedwick lleva a cabo en Between Men respecto del deseo triangular y de la aplicación de la noción de homosocialidad. Sedwick se centra en los efectos opresivos sobre las mujeres y los hombres de un sistema cultural en que el deseo intermasculino se hizo fundamentalmente inteligible mediante su desviación hacia relaciones triangulares que implicaban a una mujer. Con el concepto de homosocialidad, Kosofsky Sedwick se refiere a las comunidades masculinas que se definen por la exclusión de las mujeres, que están reguladas por el pánico homosexual manifestado en la homofobia, pero que presentan intensidades afectivas homoeróticas que son plausibles de convertirse en homosexuales.
Así, en el Martín Fierro (1872), de José Hernández, la llegada mesiánica de Cruz a la vida de Fierro lo lleva a arriesgar su vida por un desconocido en lo que puede describirse como un enamoramiento a primera vista. Cuando, inmediatamente, Cruz le relata a Fierro los padecimientos de su vida de gaucho desgraciado, desde la felicidad conyugal a la infidelidad de la mujer amada que lo lleva a errar por las calles, que no difieren de las del protagonista, hace explícita su misoginia (“Las mujeres desde entonces /Conocí a todas en una./ Ya no he de probar fortuna/ Con carta tan conocida /Mujer y perra parida/ No se me acerca ninguna”). Al final del relato de las peripecias queda sellada la amistad eterna y los amigos deciden proyectar una vida juntos, cruzando la frontera, lejos de las arbitrariedades de la ley, el gobierno y la policía. De esa manera, sus destinos se confunden también con los de los indios, adonde tampoco “alcanza la facultá del gobierno”. Lo que no alcanza tampoco a gauchos e indios es el dispositivo de sexualidad. Eso permite a los gauchos amigos la proyección del hogar alternativo, excluidos de la confortabilidad de la vida civilizada y burguesa. “Fabricaremos un toldo, /Como lo hacen tantos otros”, le dice Fierro, antes de que juntos roben una tropilla de caballos y se pierdan en el desierto.
En el conservador retorno de Hernández, La vuelta de Martín Fierro (1879), no parece casual que la reinserción de Martín Fierro a la sociedad precise de la muerte de Cruz, el exclusivo mundo de sus afectos que había reemplazado al cariño por su esposa e hijos. El lamento de Fierro por la muerte de Cruz retoma imágenes literarias utilizadas en lo que podríamos llamar una tradición homoerótica: el dolor de Fierro por la muerte de su amigo es similar al que expresa Aquiles por la muerte de Patroclo en la versión homérica, contiene elementos de la célebre elegía de David por la muerte de Jonatán y de la histérica tristeza narrada por San Agustín en sus confesiones tras la muerte de su compañero amado. Se podría decir de la amistad de Fierro y Cruz lo que dice Sergent de la amistad entre Aquiles y Patroclo tal como es narrada por Homero. Si bien no se señala una relación erótica entre ambos, la profundidad de la relación y la desmesura del dolor por la muerte del amigo no pueden pensarse en otros términos que no sean los de una relación amorosa.
La amistad entre gauchos es tradicionalmente uno de los elementos de la poesía gauchesca. Fierro y Cruz tiene su correlato en Juan Moreira y Julián en Juan Moreira, de Eduardo Gutiérrez, y ambos tienen sus antecedentes en Santos Vega y Carmona. A su vez, el punto cúlmine en la amistad viril es el de Don Segundo Sombra y el joven Fabio Cáceres en la novela de Ricardo Güiraldes. Los abrazos apasionados, las despedidas dolorosas, los encuentros e incluso los besos en los labios son constitutivos y recurrentes en las descripciones de estas amistades particulares.
Y no supone un hecho menor que en la literatura gauchesca analizada, el recorrido de los protagonistas vaya desde la separación de la familia monogámica a la errancia, la amistad masculina, las pasiones violentas, el vicio y el asesinato como todas caras de una misma moneda. Errancia, pasiones violentas, vicio y criminalidad van de la mano de las amistades apasionadas masculinas, es decir, encuentran en esas relaciones el escenario propicio para desarrollarse.
Asimismo, en obras como Un guapo del ’900 (1940), de Samuel Eichelbaum, o en gran parte de la narrativa borgeana sobre los guapos, frecuentemente los amores intensos entre hombres, la misoginia, la exaltación de la belleza masculina, las lealtades masculinas hasta la muerte, los duelos amorosos y las inversiones de género ponen en tela de juicio la masculinidad hegémonica. En Un guapo del ’900, el guapo Ecuménico López mata al amante de la mujer de su patrón para salvaguardar el honor y la masculinidad de su protector. Y, particularmente, los duelos en la poética y en la narrativa borgeana suelen ser metáfora del amor, de la búsqueda instintiva entre seres durante toda la vida, que como manifestación de impulsos eróticos se resuelve en impulsos tanáticos. Las puñaladas entre hombres suelen ser sin odio, más bien por exceso de pasión y de amor. Es la muerte entre hermanos, o amigos o enemigos íntimos, que generalmente son enterrados juntos, como los amantes.
Una de las estrategias recurrentes a la hora de retratar a los amores masculinos en la literatura y en la cinematografía del siglo XX fue la del deseo triangular. Esta se presenta bajo la forma de dos hombres rivalizando por los mismos objetos de deseo durante toda la vida: una mujer, un cuchillo, un revólver, unas tierras, una empresa petrolífera... Este objeto de deseo no es más que un subterfugio para ocultar y dar rienda suelta a la intensidad de los lazos libidinales entre ellos.
Para Eve Kosofsky Sedwick, el deseo intermasculino se hizo fundamentalmente inteligible mediante su desviación hacia relaciones triangulares que implicaban a una mujer. De esta manera, una de las imágenes y de las versiones más recurrentes del deseo homosexual para la cultura del siglo XX ha sido articulada a través del comportamiento heterosexual. Contextos hipermasculinos de guapos, gauchos, soldados o cowboys se presentan como ejemplos de un deseo homoerótico que solo pudo expresarse en términos heterosexuales.
Dos de los mayores exponentes de este esquema triangular en la narrativa argentina lo constituyen las obras de José Bianco y la de Jorge Luis Borges. Bianco utiliza este esquema desde su primer cuento, “El límite” (1929), donde dos compañeros de colegio se erotizan con el recuerdo de una mujer a la que uno de ellos ni siquiera conoce y de la que el otro inventa atributos. Y lo repite en novelas como Las ratas (1943) y en la magnífica La pérdida del reino (1972) donde dos amigos se enamoran dos veces en la vida y las dos veces de las mismas mujeres.
Por su parte, El informe de Brodie (1970), de Jorge Luis Borges, abunda en amores ambiguos y secretos no develados (no en vano es citado al menos dos veces Henry James), y en la utilización de la figura del intermediario para dar cuenta del amor entre hombres: “El duelo”, “El otro duelo” o “El cuchillo”. Y finalmente serán los hermanos Cristián y Eduardo Nielsen, los mejores exponentes borgeanos del deseo triangular. En el relato “La intrusa”, el amor entre hermanos troca en rivalidad cuando Cristián lleva a vivir a Juliana Burgos al hogar fraternal. Los celos llevan a los jóvenes pelirrojos a buscar la opción de compartir a Juliana en la cama. Una noche están a punto de matarse, en un duelo. Sin embargo, esta vez las cuestiones amorosas no se resolverán por la vía del apuñalamiento sangriento entre hombres. Al final del cuento, Cristián mata a Juliana y se abraza llorando a su hermano.
LITERATURA ORGULLOSA
Si en la génesis de la literatura, la homosexualidad aparece asociada al enemigo político, siguiendo esta tradición fundante la relación entre peronismo y homosexualidad se expresa desde el primer cuento argentino explícitamente gay, “La narración de la historia” (1959) de Carlos Correas, que relata una situación de levante callejero, entre dos adolescentes, uno burgués y un “cabecita negra”. Aparece prefigurada en el ensalzamiento de las bellezas de los provincianos del interior que llegan a Retiro en la década del cuarenta por parte de Witold Gombrowicz. Y se hará aún más explícita en novelas como Los premios (1960), de Julio Cortázar, The Buenos Aires Affair (1973), de Manuel Puig, La boca de la ballena, de Héctor Lastra, Sergio (1976), de Manuel Mujica Lainez o relatos como “La invasión” (1967), de Ricardo Piglia, entre otros.
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Saturday, July 16, 2011
El artista latino nos muestra el mundo de cara y seca de la lujuria y funciones claramente definidas, la creación de un libro completamente inusual y diverso: fascinante y, sin embargo ofensivo, trágico y cómico, escandaloso y suave.Se puede decir que el artista no tiene estos clichés sobre obscenas fantasías masculinas en serio, sino que bien le gusta jugar con ellos. Por un lado, usa lápiz y carbón para crear monocromática escenarios fijos, que chisporrotea con el erotismo, por el contrario, se emplea vívidos trazos con punta de fieltro para diseñar la crudeza que tiene filtro, en el sexo hombre a hombre. Y, sin embargo, ustedes se verán tentado de acusar a González de superficialidad, por debajo de la superficie de estas escenas sin piedad, que hay siempre una chispa de humanidad, las emociones, el anhelo de intimidad y entrega.
Como hijo de madre soltera que trabaja, este nativo de Trinidad descubrió su pasión por el dibujo desde muy joven y se dedicó a pleno, su héroe favorito: Conan el Bárbaro. Después de mudarse a Nueva York, Gonzales se convirtió en miembro del Taller de Hombres Queer de Arte Erótico y con el apoyo de sus colegas, fue a seguir a su corazón y sus pasiones. Este libro de arte contiene los resultados de su larga vida de trabajo y su publicación en solitario.
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Wednesday, June 22, 2011
Rodríguez, recopila, entre otras, "más de doscientas palabras diferentes referidas tanto al pene como a la vagina", según explica acerca de su Diccionario del sexo y el erotismo, publicado por Alianza.El autor de la obra es catedrático de Filología Inglesa en la UA e hispanista y manifiesta que el propósito de este diccionario es "recoger el argot y el lenguaje de un campo semántico que está en el día a día y de una manera que no se había hecho".
Detalla que, para la elaboración de este compendio lingüístico, recogió el lenguaje sexual desde la década de 1950 hasta la actualidad.
Para la elaboración del escrito, el autor confiesa haber invertido "muchísimo tiempo investigando" sobre la materia, para lo cual ha leído foros de Internet, abundante bibliografía, artículos en prensa relacionados con el tema y ha visionado abundante material cinematográfico, donde cita la película "Las edades de Lulú".
Además, realizó multitud de entrevistas a personas de perfiles y edades diferentes que le han ido aportando diversas visiones y términos que, en los distintos sectores de la sociedad, se utilizan con contenido sexual.
Así, el diccionario realiza un análisis de la terminología sexual desde el punto de vista biológico, entendido como instinto animal y como necesidad del ser humano, y del lado del erotismo, relacionado con el comportamiento sexual de las personas.
En cuanto al contenido concreto de las palabras recogidas en las más de mil páginas, Rodríguez señala que "no ha evitado" aquellas que podían resultar, en un principio, más vulgares y soeces, y concreta que reunió desde términos técnicos y especializados hasta los "más informales".
A juicio del autor, la obra posee un carácter "distintivo", "descriptivo" y "sin pelos en la lengua". "Algunas palabras o expresiones levantarán ampollas", como los términos "machacar", "engatillar" o "tabicar", según el docente.
"No hagamos como los ingleses que todavía hoy evitan utilizar, en la literatura y en los medios de comunicación, la palabra 'fuck' (joder)", ironiza al respecto.
Señala que el diccionario posee una introducción en la que, entre otras cosas, analiza la cultura sexual heredada de las diferentes religiones, donde ha valorado el carácter abierto del Budismo o la interpretación de pecado o culpa que ha dejado tras de sí la tradición judío-cristiana en occidente.
POR: EFE. MDZ
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Thursday, June 9, 2011

CUANDO CAE LA NOCHE DE Michael Cunningham
"Miremos un momento a nuestro alrededor –dice David Grossman en uno de sus ensayos–: más de una vez veremos que, incluso en parejas que llevan años de convivencia feliz, puede haber, de forma casi instintiva e inconsciente, un acuerdo mutuo, secreto y complejo, en los siguientes términos: más vale no conocer a fondo al cónyuge, no descubrir todo lo que sucede en su interior para no tener que reconocerlo y llamarlo por su nombre…"
Justamente de eso habla la novela más reciente de Cunningham, de esas barreras que más
vale no cruzar para que la vida no nos sorprenda más de lo debido.
Peter y Rebecca llevan casados más de veinte años y son padres de una hija adolescente. Él es el dueño de una galería de arte, ella dirige una revista cultural, y juntos dibujan el perfecto perfil de la pareja feliz, perfectamente integrada en el barrio de Manhattan donde conviven en un loft espacioso, lleno de luz y siempre dispuesto para la visita de amigos y conocidos.
Los dos se aprecian y aún se atraen sexualmente; parece que poco más podría pedírsele a la vida, pero de repente entra a formar parte de su rutina un elemento perturbador: es Ethan, el hermano pequeño de Rebecca, el que nació casi por error, cuando sus padres ya no lo esperaban, hasta el punto de que todos le llaman Mizzy, el «error».
Ethan solo tiene veintitrés años y es hermoso, tan hermoso que Peter, al verle una mañana dormido, recuerda a Rebecca cuando ella tenía la misma edad. El chico parece al principio apático, indolente; no sabe todavía cómo negociar con la vida y su debilidad por las drogas le ha llevado a la deriva más de una vez. Ahora, alojado en el loft de su hermana mayor, empieza a interesarse por el trabajo de su cuñado, lo acompaña en sus visitas a los artistas y a los clientes, y nace entre los dos una complicidad extraña, que los puede llevar a experiencias imprevistas…
La novela más ambiciosa de Cunningham después de “Las horas”.
POR: BERKANA.
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Monday, May 30, 2011
La escena es un raro cliché, de esos que pocas veces fue representado por el cine: la fuga al sauna del hombre casado, un pater familias que puede vivir sólo entre los vapores su otra sexualidad, o, al menos, logra desarrollar o completar, con la sensualidad homoerótica, otros placeres, distintos, prohibidos por los pactos con que aceptó construir privada y públicamente su vida conyugal. Ese hombre, moldeado por la hipocresía universal, fue protagonista de la novela neocelandesa Noches en los jardines de España de Witi Ihimaera, que narra con detalle la salida del closet familiar de Kawariki frente a su esposa, sus hijos, sus padres. Ihimaera protagonizó esa misma experiencia en 1984, pionero en la visibilidad oceánica, pero en su reescritura ficcional prefirió no exponer del todo sus raíces maoríes, tomando distancia de su alter ego literario al retratarlo como medio europeo. Pero en la versión cinematográfica de su novela, estrenada el año pasado en Cannes, la distancia pierde espesor, porque el personaje es maorí y, al comenzar a asumir su orientación sexual, pone en crisis las propias creencias y tradiciones indígenas. En su paso por Buenos Aires, traído para presentar las películas inspiradas en su obra en un ciclo de la sala Leopoldo Lugones, Ihimaera denunció la falta de representaciones de la diversidad sexual en la cultura indígena; de hecho, esa película es la primera que retrata a un maorí gay, por lo que todavía hay muchas imágenes y relatos que fomentar. Por eso, en un diálogo exclusivo con Soy, el escritor coincidió en la necesidad de repensar los cuentos de hadas que los padres transmiten a sus hijos (así empieza Noches en los jardines de España), tanto como los mitos que moldean la ideología de la cultura indígena, que de eso trata Jinete de ballenas, su novela más célebre, adaptada en una película estrenada en Argentina, sobre el periplo de una niña excluida de la educación marcial y de los ritos de empoderamiento, en una comunidad maorí contemporánea. El mito y los cuentos populares que fundan la creencia en la superioridad masculina, en un patriarcado como mística basal de la sociedad indígena, es una suerte de blanco contra lo que escribe Ihimaera desde antes de salir del closet, en una obra feminista y gay que comenzó a ser adaptada al cine recientemente. De hecho, al ser desde 1972 el primer escritor de cuentos y novelas en lengua maorí, su actividad, la literatura, se enfrenta por sí misma al mandato que repite que el pueblo maorí está determinado por la fuerza física de sus varones, con una supuesta capacidad superior como guerreros, que es parte de un sistema de creencias opresivas que degrada cualquier otro intento de construir una cultura indígena con otros valores, con otras prácticas, con otras sensualidades.POR: Diego Trerotola. PAGINA12
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Saturday, May 28, 2011

¿Cómo comenzaste a gestar este proyecto?
—Yo desde muy chico empecé a juntar mucho material Glttbi. En esos años no había mucho y lo que tenía era un radarcito que me hacía prestar atención al más mínimo detalle donde pudiera aparecer algo que remitiera al tema. Guardé el material durante estos 35 años que tengo, y hace un año y medio me decidí a compartirlo. Quiero que a alguien más le pueda servir. Así, básicamente, es como nació la biblioteca: no es que primero vino la idea. Mi casa quedó sin libros, fue como raro, empecé a sentir que me retumbaba mi voz allí. Mi biblioteca privada es ahora pública.
La biblioteca suele ser algo muy querido y personal, y abrirla al público no cualquiera lo hace; además los libros, se sabe, muchas veces no se devuelven. ¿Cómo te animaste?
—Eso fue algo que tuve que pensar. Lo que hago es que todo el material de la biblioteca se consulte ahí mismo, no salga de la biblioteca. Yo sé cómo organizarme y cedo mi tiempo, no hay ningún problema. De los libros te puedo contar muchísimo, en cada uno, además, hay una historia. Para mí son casi extensiones de mi cuerpo. Tengo libros que no son nada fáciles de conseguir y si los pierdo, no los encuentro más. De hecho vendo libros usados también, ése es mi trabajo, conozco el tema. Hay ediciones que no aparecen en el mercado, títulos que están descatalogados.
¿Es grande el espacio de la biblioteca? ¿Dónde queda?
—Es un lugar grande, sí; queda en Hurlingham, que es menos de una hora de viaje desde Capital y los que están interesados en hacer una consulta pactan conmigo la cita antes, por Internet. Es un espacio amplio donde hay muchos objetos también, vestuarios, incluso juguetes de cuando yo era chico. No tengo el mal de la gente que junta por juntar, pero sí de guardar. A veces la información circula muy rápido y las generaciones que vienen se pierden de muchas cosas que han sucedido. Por ejemplo, la ley de matrimonio no hubiera salido sin el trabajo de mucha gente que escribió y participó en el pasado; a mí interesa volver a traer a flote todo eso que quedó tapado.

¿Va mucha gente a consultar?
—Al principio me sorprendí mucho, vinieron muchos periodistas que se interesaron por el tema. Yo quería que la gente conociera el espacio y creo que lo conoce más gente de otros lados que del municipio mismo. También vienen muchos estudiantes que están haciendo tesis sobre esta temática. La metodología es así: no está abierto siempre, coordino una cita y lo que hace el público es tomar nota y venir más de una vez, porque hay muchísimo material. Yo también los ayudo a buscar, porque hay gran cantidad de revistas, recortes de diarios desde los años ’80, material en video también hay bastante. Ya está catalogado casi todo. Falta organizar una parte del material, porque estoy solo, aunque desde un lugar afectivo también me ayudan Vida Morant, o Jorge, mi pareja. En algún momento pensé en hacer una biblioteca popular, pero había una serie de cosas muy burocráticas y tanto trámite me desanimó.
¿El material de video se puede ver ahí mismo?
—Sí. Tengo la idea de digitalizar los VHS, pero la cantidad de material que tengo es enorme. Son horas y horas de grabación de, por ejemplo, material de los ’90, esos años en los que hubo como una especie de boom de hablar de todo esto en los talk show. Yo tenía prácticamente mil videos entre programas de TV y películas. Digitalizarlo es algo que me llevaría mucho tiempo y me costaría dinero. A veces pienso en pedir un subsidio de ciertos lugares, pero todavía no me organicé.
Da la impresión de que la biblioteca es como el centro de tu vida. ¿Es así?
—Hacía muchos años que yo quería hacer una militancia más activa y no encontraba con qué identificarme, políticamente no quería meterme en ningún lado y sentí que el arte era una forma de militancia; y lo mismo sentí con la biblioteca. Si uno le tiene miedo a algo es porque tiene desconocimiento y los libros son modos de acceder al conocimiento, al saber. La idea tiene que ver con eso: un poco utópica quizás. Y otra cosa importante es conservar esos libros, porque algunos de ellos me han salvado la vida. Eso me pasó también con el cine.

¿Por ejemplo?
—Por ejemplo, en mi adolescencia fue paradigmática Otra historia de amor, la película de Américo Ortiz de Zárate. Ya no hay casi información sobre él, se fue muy joven, rápido.
Se podría decir que aspirás con esta biblioteca a que el material llegue a los que no pueden acceder...
—Claro. También a eso apunta el hecho de que funcione en Hurlingham, en el conurbano, me pareció interesante poder abrir este espacio en el barrio. Algunos vecinos me incentivaron después de haber leído alguna nota que me han hecho. Gente que me conoce desde que nací. Es un poco desmitificar ciertas imágenes que dan los medios sobre los gays.
¿Cómo fue para vos ser gay acá en tu barrio?
—Yo la verdad es que durante la adolescencia la pasé medio feo. Es casi de manual todas las cosas que me han pasado. Después fui creciendo, poniéndome más firme, seguro, y ya está: las cosas pasaron. En el momento en que me plantearon la primera nota sobre la biblioteca no pensé que me iba a volver visible y está bien: está instaurado también en esta cosa de militancia que yo quería para mí.
Me comentabas que a la biblioteca la nutrís de todo tipo de material, incluso homofóbico. ¿Por qué?
—A mí me parece que entra en discusión con otros materiales. Durante el debate en torno al matrimonio se decía que los mejores argumentos venían de la gente que estaba en contra. Y creo que a veces encontrar ese material resulta muy divertido. Guardo en la biblioteca esos libros de los años ’30, ’40 o ’50, que enseñaban cómo ser un hombre o cómo ser una mujer, daban pautas de cómo manejarse en la vida social y con los afectos. Es como tener un background de lo que fue antes, para poder ver cómo eran las cosas en ese momento. Cuando empecé con la biblioteca, durante el tiempo previo a la ley de matrimonio, las cosas que se decían eran imposibles de escuchar, era como volver a estar en la secundaria, donde uno era insultado permanentemente.
¿Cómo te proveés de nuevos materiales?
—Uno de los recorridos que hago es acercarme a los autores y pedirles libros, y la mayoría de las veces las respuestas son positivas. Eso es casi como una palmada en el hombro, un estímulo. Además, en la medida en que puedo seguir comprando libros, lo hago, y la biblioteca se va engrosando.
¿Hay algún ranking de autores o de temas entre la gente que consulta?
—No. Ahora, por ejemplo, hay un grupo de gente que viene a investigar porque van a hacer un documental. Es muy interesante lo que plantean. Quieren ver el lado B de toda esta cuestión de tener derechos. Hay gente que no puede acceder a esos derechos. En este sistema hay quien se puede comprar un libro de $ 50, otro de $ 1 y hay gente que no llega ni al de $ 1. Por eso me interesó en su momento que el proyecto se llamara Oscar Hermes Villordo. Consulté a Natu Poblet, que tiene los derechos sobre su obra, y ella pidió ser la madrina del proyecto. Villordo hablaba de los “otros” putos. A pesar de ser contemporáneo de Mujica Lainez, que era un homosexual muy intelectual, Villordo hablaba de los que andaban por Retiro, los otros, mucho más cercano al común. Además creo que fue un militante con sus novelas, en los ’70 y ‘80. Vino gente del Chaco a conocer la biblioteca, porque estaban orgullosos, justo en el momento en que se había reeditado La brasa en la mano. Esas cosas a mí me hacen muy feliz, porque a veces en esto estoy muy solo...
La Biblioteca Glttbi “Oscar Hermes Villordo” se encuentra ubicada en Buenos Aires, en la localidad de Hurlingham.
Para acordar una cita: bibliotecalgttb@gmail.com
La librería virtual está en www.ayconstanza.blogspot.com, que tiene también libros a la venta.
ARREGLOS FOTOGRAFICOS: ALBERTO CARRERA.
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Tuesday, May 24, 2011
Sin derramamiento de sangre. Un ensayo sobre la homosexualidad de Javier Ugarte Perèz.
0 comments Posted by kotang at 9:37 PMPrefacio
Introducción
Capítulo I: La base política
1. El problema homosexual
2. La democracia en América y en Europa
4. La confusión entre parejas y matrimonios
5. Tipos de progresismo y de conservadurismo
Capítulo II: La nueva riqueza de las naciones
1. El papel de la población
2. Nuevas demandas políticas
3. La conmoción del SIDA
Capítulo III: Nacionalidad y ciudadanía
1. La construcción de la identidad
2. Nacionalidad y ciudadanía
3. Nacionalidad versus ciudadanía
4. Contractualismo y utilitarismo
5. Lo "demoníaco" en Kierkegaard
6. Una nación dividida
Capítulo IV: La tríada "sexo, género, orientación"
1. Hombres y mujeres
2. Hermafroditas y transexuales
3. Heterosexuales y homosexuales
4. Tomismo e Iglesia Católica
5. Formas de superar las dicotomías
Bibliografía
1. General
2. Documentos e Informes
"la sociedad ha descubierto la discriminación como la gran arma social mediante la cual uno puede matar hombres sin derramamiento de sangre"
Hannah Arendt: Nosotros los refugiados (1943)
Publicado en: Egales
Madrid-Barcelona (mayo, 2005)
[Versión PDF]
PREFACIO
Sin derramamiento de sangre surgió tanto de la insatisfacción de su autor por el análisis que se hace del problema homosexual, como del acercamiento a las luchas cotidianas por la igualdad; es decir, debe tanto de la reflexión como a la práctica política. A partir de ese doble acercamiento al tema que trata, surgió la convicción de que se intenta asimilar la discriminación de las personas homosexuales a otras que tuvieron lugar en el pasado (africanos, mujeres, etc.), al tiempo que se señala lo inconmensurable entre esta situación y las demás. Es cierto que existen similitudes en cuanto a la desigualdad de derechos, pero también se da una diferencia fundamental, y es que un homosexual no tiene un aspecto diferente a quien tiene otra orientación sexual, mientras que los integrantes de los grupos que se han señalado resultan fáciles de reconocer, excepción hecha de los pertenecientes a alguna religión o ideología política (judíos, testigos de Jehová, etc.).
Sin embargo, incluso en este último caso, la situación de los homosexuales es diferente porque no están agrupados en ninguna comunidad, ni son educados en una tradición ante la que tienen que posicionarse, para preservarla o para distanciarse de ella. No se pueden reconocer como homosexuales si no afirman serlo, y no existen normas enseñadas por la tradición que enseñen cómo sobrevivir a la invisibilidad o al rechazo. Por lo tanto, sus problemas resultan a menudo desconocidos para el resto, invisibles; de ahí que su falta de igual tratamiento por las leyes sea una discriminación silenciada. Por esas razones, su situación hace necesario un análisis diferente a los que se han realizado sobre formas anteriores de desigualdad.
El problema al que se enfrentan desde hace tiempo los colectivos que los defienden, consiste en que las democracias occidentales mantienen distinto número de derechos según la persona de que se trate, homosexual o heterosexual, aunque los ciudadanos trabajan o pagan impuestos con independencia de la orientación que tienen y de los derechos que les son reconocidos. Tiene lugar entonces una diferencia entre la nacionalidad y la ciudadanía, que resulta patente en este caso más que en otros, porque si todos los individuos que nacen dentro de un Estado tienen la nacionalidad que les corresponde, no todos tienen la misma ciudadanía. A consecuencia de esta diferencia, existe una población invisible dentro de otra que resulta omnipresente, lo que sumado a la diferencia que se da entre las distintas ciudadanías que tienen los nacionales, según su orientación sexual y afectiva, da como resultado una nación dividida, aunque la escisión no sea percibida por todo el mundo.
Ahora bien, teniendo en cuenta la importancia que va adquiriendo la autonomía de los ciudadanos para los Estados (hecho que se analizará con detenimiento en las páginas que siguen), la lucha que mantienen los colectivos a favor de la igualdad en el trato que reciben de las instituciones, y el número creciente de personas que manifiestan públicamente su homosexualidad, el futuro tiene que traer el fin de la discriminación legal. Es cuestión de tiempo, y el tiempo es cuestión de lucha. Sin embargo, no hay porqué suponer que la marginación, que tiene un carácter social, se termine al mismo tiempo; al contrario, se perpetuará durante décadas, como ha sucedido con otras marginaciones. Los partidos moralmente progresistas ya se han comprometido en terminar con la discriminación, aunque a veces parecen no acertar con el enfoque de la cuestión.
Este libro fue comenzado hace unos cuatro años y retomado en varias ocasiones. Con sus aciertos o fracasos, debo mencionar a una serie de personas sin las cuales no hubiera llegado a ver la luz. Gracias a ellas, a los debates y puntos de vista compartidos durante este tiempo, los errores que contiene no son mayores. En primer lugar, quiero señalar a Antoni Mora, cuyas discusiones dentro y fuera del comité de redacción de la revista Orientaciones , me han ayudado a replantear algunos puntos de vista sobre el tema. También Luis Magrinyà, responsable de buena parte de los títulos que publica Alba Editorial, me ayudó a volver a pensar ciertas cuestiones que, con su punto de vista, adquirieron nueva luz. Finalmente, el grupo de personas que trabajan en la edición de Orientaciones , como Miguel Ángel Sánchez, Pedro A. Pérez, Fernando Sánchez Amillategui, Santiago Esteso, Marieta Pancheva y Luis Rodríguez-Piñero; todos ellos han contribuido a crear un entorno de discusión y debate estimulante para la reflexión. Mi sincero agradecimiento a todos.
INTRODUCCIÓN
Arendt reflexionaba en 1943 sobre la situación de los judíos refugiados, a consecuencia de la persecución fascista y nazi en toda Europa, y el curioso estado psicológico y social por el que esos nuevos parias, en tierras para ellos extrañas, tendían a mostrarse felices, al mismo tiempo que se suicidaban en gran número. Los judíos terminaban con su vida sin motivos explicables para sus vecinos y amigos gentiles, quienes pensaban que se sentían a gusto con la vida que llevaban. El objeto de mi reflexión es también un grupo de parias, en este caso una minoría cuyas circunstancias no son asimilables a las judías desde una perspectiva política, aunque bajo otros puntos de vista, como los que da el sufrimiento, sean equivalentes al estado de cualquier otro marginado de la tierra, y particularmente al de esos emigrados de felicidad tan curiosa descritos por Arendt. Me refiero, es claro, a las personas de orientación homosexual.
Desde la segunda mitad del siglo XIX se califica como "homosexual" a quien elige a personas de su mismo sexo (y género) para establecer con ellas relaciones amorosas y sexuales de forma exclusiva, o predominante. La preferencia ha existido siempre, pero sometida a tan gran número de variaciones, que resulta imposible de teorizar desde un punto de vista biológico: las similitudes entre la forma de vivir y amar de un chamán, un erastés (o un erómenos ), un leather actual o personajes como el barón de Charlus, creación de Proust, son inexistente, si dejamos de lado la preferencia común. El motivo de esta tendencia, como las razones de la heterosexualidad, permanecen oscuras. Podría deberse a la educación recibida, una determinada solución (fracasada, según el psicoanálisis) al complejo de Edipo, experiencias individuales, determinantes biológicos o elecciones libres. Quizás se deba a más de un causa, pero políticamente debe insistirse en el factor de libertad que la compone, es decir a la que se tiene derecho en cuanto ciudadano y por la que no se deben de dar justificaciones, ya que ni benefician ni perjudican a nadie, excepto a quien sigue este camino.
Bien, pues como el concepto de "homosexual" tiene un origen médico, ya que fue producto de la Psiquiatría decimonónica, y nació para condenar a estas personas por lo que eran, más que por lo que hacían, por su sensibilidad e inclinaciones más que por sus actos, muchos homosexuales han preferido sustituir "homosexual" por "gay", término menos sospechoso de discriminación y que, aparentemente, no lleva la carga de un estigma, puesto que en muchas lenguas es un adjetivo que tiene el significado de alegre, simpático (i). Y así, buena parte de los homosexuales del siglo XX, se llaman a sí mismos y quieren que otros les califiquen, como "alegres"; alegría que en ocasiones es una huída de la dura realidad. Curiosa alegría ésta, porque aún siendo tan felices, muestran una tasa de suicidio que es el doble de la media estadística de la población heterosexual en cada país. Algunos intentan encontrar un lugar en la sociedad esforzándose por ser los mejores vecinos, compañeros de trabajo, etc., empleando una gran energía para conseguir la aceptación de los demás, empeño que quizás no mostrarían si la situación social que les rodea fuese distinta. De esa energía puesta en ser aceptados, se deriva que mucha gente después presuma de tener un amigo homosexual.
Otra posible solución a la tensión sería el resentimiento, el rechazo del sistema, tal como lo experimentaron los norteamericanos de color ante la mayoría blanca y protestante en la época de las movilizaciones por los derechos civiles bajo la figura de Martin Luther King, en los años sesenta del siglo XX. Sin embargo, ésta no es una alternativa real para los homosexuales puesto que no existe un grupo de personas al que puedan odiar. No pueden sentir resentimiento hacia los heterosexuales porque sus emociones han sido formadas, y están en diálogo y afectos cruzados, con ellos: padres, hermanos, compañeros de juegos de infancia, amigos de época adulta, etc., son heterosexuales. No existen, por tanto, salidas fáciles a la tensión interna, y la razón es que, como el homosexual no forma parte de ningún exterior, entonces tampoco puede atentar contra ningún interior; no es imaginable, por ejemplo, un terrorismo homosexual. Así, puede entenderse la conocida identificación de los homosexuales con personajes trágicos de la literatura, la ópera, el cine, etc., como una consecuencia de la imposibilidad para el odio o el resentimiento. Allí donde hay tragedia no se produce el rencor, sino aceptación del destino. De ahí que la alternativa entre la integración o la muerte sea bien real, como lo es que la violencia, una vez que se manifiesta, ha de dirigirse a otros o uno mismo se convierte en víctima; en las sociedades donde son frecuentes los homicidios resultan raros los suicidios, y viceversa.
Sus amigos, en el caso de que sean también homosexuales, o gays según se prefiera, cuando llegan a la madurez tienen que dedicar una parte de su tiempo a reponerse de las noticias tristes que les llegan de otros amigos y conocidos. Y, en muchos casos, tienen que repartir su presencia entre la despedida de quienes han muerto por causas corrientes, por una larga enfermedad, como el cáncer, o un accidente de tráfico, cosas que le pueden suceder a cualquiera, y aquellos otros que han decidido terminar con su vida sin motivos aparentes, aún no recuperados de la alegría, quizás excesiva, de la noche anterior, algo que parece sucederles preferentemente a los homosexuales (ii). Por no hablar del impacto del SIDA, consecuencia de una promiscuidad que es producto de la dificultad para mantener relaciones estables, y que ha sido para cientos de miles de ellos un camino hacia la tumba. Todavía hoy, a comienzos del siglo XXI, se está lejos de haber encontrado soluciones definitivas a esta pandemia.
Cuando se produce el suicidio de un gay/alegre, éste no es llamativo ni público, como tampoco lo eran los suicidios que cometían los judíos señalados por Arendt, de ahí la sospecha que levantan. Se llevan a cabo con discreción y pudor, sin cartas a los amigos ni dignas ceremonias familiares o públicas, como sucedía en la Antigüedad, donde este acto suponía un ritual; piénsese en la muerte de Séneca, por ejemplo, rodeado de familiares, amigos y discípulos. Los homosexuales, en cambio, se suicidan por cuestiones personales, nada políticas, aunque sean difíciles de precisar los motivos, ya que el silencio suele ser la herencia que dejan tras de sí. Quizás la discreción sea la consecuencia de que hasta en la muerte parecen excluidos de la comunidad de la que forman parte.
Pero, me atrevo a preguntar, ¿existe algo más político que la muerte prematura de un marginado, sea cual sea el medio empleado o el camino por el que, casualmente, llega a producirse? Parece difícil contestar negativamente a esta cuestión cuando muchos marginados muestran esa esperanza de vida más corta. Y la marginación en este caso es, en primer lugar, consecuencia de una decisión política actual, o del mantenimiento de una decisión pasada, como son políticos los medios para terminar con ella. Es un fruto de la política que el único tipo de familia que la ley reconozca a estas personas, hasta el presente, sea la unipersonal, salvo excepciones como las llamadas "parejas de hecho" que suponen un paso adelante pero no la solución al problema. Quizás por esta razón mueren en soledad en tantos casos, a causa de una enfermedad coronaria o de una decisión voluntaria.
La forma de análisis de quien trabaja y piensa en la marginación no le permite forzar analogías entre grupos cuyas diferencias son evidentes, pero tampoco rechazar cualquier tipo de conexión que impida aprender de experiencias ajenas o basarse en ellas. La labor del pensador es buscar conexiones nuevas entre fenómenos para encontrar explicaciones a problemas que hasta ese momento no la tenían y confiar en que, bajo la nueva perspectiva adquirida, las soluciones puedan alcanzarse. Por eso, entre diferentes estados de marginación es posible buscar huellas para entender la propia (y cada una es distinta), pero es conveniente no esforzarse en soluciones que sólo se pueden encontrar en las características de cada caso concreto. Como la experiencia de los judíos de los años treinta y cuarenta del siglo XX, y la de los homosexuales de toda la centuria no es equiparable, intentaré perfilar las características y los problemas específicos que se dan en la situación de discriminación como consecuencia de la orientación sexual y afectiva basándome en otros ejemplos históricos cuando esto pueda clarificar las cosas, pero teniendo presente cuál es el tema central de esta reflexión.
Puede entonces plantearse una pregunta: ¿por qué luchar contra la discriminación homosexual cuando existen ancianos solos, mujeres y menores maltratados, y una cantidad tan enorme de personas que pasan hambre en todo el mundo? La respuesta sería que la homosexualidad no excluye ninguna de estas situaciones porque es transversal a ellas. Es decir, se da esta orientación sexual y afectiva en todas las categorías de marginados (entre las mujeres, los miembros de otras culturas, los gitanos, etc.), lo que añade un suplemento de discriminación a cada marginación particular. Si los homosexuales de estos grupos se manifiestan como tales, entonces se verán rechazados por sus compañeros de infortunio, cuando ya lo habían sido por quienes no eran sus compañeros ni vivían en el infortunio. De ahí que luchar contra esto se pueda considerar un proyecto digno de ser realizado.
En esta Introducción quiero señalar al lector que, al margen de la experiencia de trabajo en el tema durante la última década, en los cuatro últimos años modifiqué el análisis desde la situación social de los homosexuales a la reflexión sobre sus derechos, de éstos a las políticas demográficas y, de vuelta, nuevamente a la discriminación; intentaré mostrar la conexión entre estos temas, bien que de forma breve. El resultado de este recorrido intelectual son los capítulos que componen esta obra. Aunque me he formado en otras especialidades de la filosofía, al trabajar sobre este problema me he centrado enseguida en su rama política, y quisiera explicar el motivo de este cambio porque me parece que revela la naturaleza del problema. Así que al hacer este relato no intentaré describir tanto un recorrido personal como el camino que he tenido que transitar en esta búsqueda, la lógica de ese proceso, y las conclusiones alcanzadas.
El asunto es que, se parta de donde se quiera, el "problema homosexual", entendiendo por esta expresión la discriminación y el impacto que ésta tiene sobre sus vidas, está tan cruzado de ideas políticas que es difícil evitar estudiarlas una por una para ver el trasfondo que tienen. No sólo es difícil evitarlas, tampoco es conveniente. Si en su base existe un fondo político es mejor enfrentarse con él para ver en qué consiste, qué estructura tiene, cómo puede evolucionar, y qué soluciones se le pueden encontrar; después, será posible afrontar a otro tipo de problemas que están bajo la política y que constituyen su base, como por ejemplo la marginación social. Intentaré demostrar que la discriminación se sustenta sobre un vacío, es una estructura en el aire de la que pocos parecen percibir que carece de fundamentos sobre los que mantenerse en el futuro. Los tuvo, pero ya no los tiene, de ahí que se trate de una estructura débil, es decir difícil de mantener a largo plazo. Por tanto este es un trabajo que plantea estas cuestiones con un enfoque casi propedéutico, de iniciación al tema.
Se puede objetar que no son pocos los trabajos y libros publicados sobre el tratamiento de la ciudadanía por intelectuales y expertos en su oficio, la mayor parte profesores de Derecho Constitucional, y ramas afines. Es una objeción lógica, pero a la que daré tres respuestas para explicar la especificidad del tema. La primera es que, a medida que cambian las sociedades, surgen situaciones que eran imposibles de prever un siglo antes, por lo que es necesario volver a pensar los conceptos con los que se elaboraron las ideas que forman la base del gobierno. Estos conceptos pueden tener un origen tan lejano en el tiempo como las instituciones creadas por la cultura grecolatina o las reflexiones de sus filósofos, pero es necesario conocer su forma de expresión como consecuencia de las nuevas realidades y su adaptación a ellas. Lo clásico se adapta con facilidad a lo contemporáneo, pero hay que saber cómo hacerlo. Pondré un ejemplo de lo que quiero decir; hace mucho tiempo que se han traducido al castellano las obras de Shakespeare, pero cualquier traducción realizada en el S. XIX no parece apropiada a comienzos del XXI como texto base de una representación teatral, o de una lectura meditada. A su vez, si el público al que va dirigido tiene algún tipo de vivencia o necesidad específica, la adaptación del texto debería tenerlo en cuenta, en la medida de lo posible. No es lo mismo traducir sus Sonetos para ser leídos por el público victoriano que preparar una edición actual para un público joven, u homosexual, con una sensibilidad, vivencias, y formación cultural muy diferentes.
La segunda objeción es que analizo la situación de un grupo de población sobre la que se aplican algunas veces, pero no siempre, unos derechos de larga tradición. Las peculiaridades requieren un análisis diferenciado, y todos somos distintos a los demás por muchos motivos, desde la constitución genética hasta la ideología política, pasando por los hábitos, gustos estéticos o lecturas. De lo que se trata es de recibir el mismo trato por las leyes, o dicho de otra manera, que lo permitido a unos no sea negado a otros. No se trata de volvernos iguales, lo que desde luego sería un proyecto totalitario, sino de ser tratados por igual, lo que es una aspiración democrática. La tercera objeción, alguien lo habrá adivinado ya, es que desde los elevados puestos universitarios raramente, por no decir nunca, se presta atención al problema que aquí se expone.
Para finalizar la Introducción, quiero señalar que cuando se habla de orientación, a esta palabra se le suele añadir el adjetivo "sexual" para aclarar que no se trata de una opción política, religiosa o estética. Sin embargo, ese calificativo me parece que es confuso por reduccionista, porque con él las personas no se refirieren sólo, ni principalmente, a la sexualidad, sino también a la afectividad, es decir a la capacidad de amar a través de la unión física y de ponerse en juego. Incluso del sacrificio personal con el objetivo de mejorar la vida de la persona amada. Por eso, creo que es más correcta la expresión "orientación sexoafectiva" (u "orientación sexual y afectiva") y así la utilizaré a lo largo del libro. Además, mencionar sólo el sexo supone una eliminación del afecto en la misma descripción de la persona que, particularmente en el caso de los homosexuales varones, resulta devastadora por ser la encarnación de los prejuicios que pesan sobre la primacía de la actividad sexual sobre los demás aspectos de nuestra vida.
Por todo ello, los capítulos que siguen son un trabajo básico, en el sentido de que intentan sentar las bases sobre las que se levanta la estructura de la discriminación y del trato sobre una minoría concreta. Son los cimientos de un pensamiento político y, si se quiere comprender una situación como aquella en la que se encuentran las personas aquí aludidas, no creo que se pueda prescindir de este tipo de estudios. Lo que espero del lector no es tanto que eso le haga disculpar las insuficiencias de mi aportación, como que comparta esa necesidad de "cuerpo político" o, al menos, que la comprenda. Como resumen del contenido, diré que el primer capítulo se basa en la convicción de que el problema de la desigualdad de los homosexuales tiene que ser analizado en clave política. Para ello, se desarrolla la idea de que es necesario utilizar tanto la libertad como la igualdad en los dos ámbitos, el teórico y el práctico. Es evidente la necesidad de la igualdad, pero a menudo se ha olvidado la potencia de la libertad como vía para que las minorías pudiesen conseguir derechos, puesto que la negación de leyes igualitarias también puede ser analizada como una denegación de la libertad de elección. Ambas ideas proceden de la filosofía política, y si son usadas de forma complementaria cuando se argumenta en este terreno su capacidad se multiplica.
El segundo capítulo desarrolla la idea, arriesgada, de que los derechos a la igualdad de las minorías no pueden ser negados porque la población que los solicita es diferente a la que existía todavía a mitad del siglo pasado. No tanto por los mecanismos que pone en juego la democracia, como se afirma desde el análisis liberal, cuanto porque quienes reclaman derechos tienen una capacidad política, un peso económico por la riqueza que contribuyen a producir, que impide postergar sus demandas cuando éstas no dificultan el sistema económico. Por utilizar una frase célebre: la población, y no otros recursos, son la nueva "riqueza de las naciones". Y como riqueza tiene que ser cuidada por los gobernantes, para que no deje de producir o para impedir que emigre.
El tercer capítulo desarrolla otras dos ideas políticas, pero éstas de carácter jurídico, la nacionalidad y la ciudadanía. Se centra en la irregularidad que supone el hecho de que la nacionalidad pueda generar distintas ciudadanías, una para heterosexuales y otra para homosexuales, puesto que a los segundos se les niega el acceso a la protección que tienen los primeros en cuanto se reconocen las familias que ellos forman, pero no otras. Lo que se traduce en que sólo los heterosexuales tienen acceso a estos bienes, como la declaración conjunta de ingresos, pensiones estatales, adopción compartida de menores, etc. El pacto o contrato social queda invalidado si no alcanza a toda la población por la forma en que se ha planteado. Sin embargo, las irregularidades que se derivan de su incompleta aplicación parecen haber pasado desapercibida para muchos juristas.
El último capítulo estudia las relaciones de dependencia que existen entre el sexo, el género, y la orientación afectiva y sexual. Entre ellos se produce una férrea unión que impide que de dos sexos (macho, hembra) se pueda derivar otra cosa que dos géneros (masculino, femenino), y a partir de éstos últimos sólo una forma de relación posible, la atracción mutua. Es decir, la heterosexualidad. Se analizan también aquí las posibles formas de romper esos vínculos, que son dos, la multiplicación de los géneros en la vida cotidiana, o su eliminación de las leyes fundamentales, por ejemplo en la Constitución.
Con todo ello, se espera proporcionar un material para la reflexión que pueda ayudar a comprender las fuerzas en las que se mueve el problema. Se trata de un proyecto ambicioso, sin duda. Pero no cabe otro planteamiento cuando se contempla la situación de partida, lejana a lo que podría ser la vida de los homosexuales de ambos géneros si las leyes, y la política de los organismos estatales, hubiesen sido distintas desde hace décadas.
Notas:
(i)Para un análisis del término dentro de la comunidad homosexual, y sus significados previos en otras lenguas, véase Óscar Guasch: La sociedad rosa. Barcelona, Anagrama (1995, 74-76).
(ii) Sobre la mayor tasa de suicidios en homosexuales, véanse los artículos de las revistas Crisis y Pediatrics que aparecen en la sección "Documentos e informes".
por: javierugarte
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